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El volcán enamorado y otras historias. Cuentos del Pueblo Kichwa del Ecuador

El gigante y la laguna

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El gigante y la laguna

El hecho de ser pequeño, por lo menos según el sentido común, puede significar no pocas dificultades, basta pensar en lo difícil que debe ser para una pareja de hormigas asistir a un concierto junto a un publico de elefantes. Pero tampoco ser muy grande puede ser una condición ideal, por lo menos cuando se trata de un gigante. Imagínese ustedes ser tan alto cuanto una montaña y tener la cabeza siempre entre las nubes. Claro que sería muy fácil distraerse, no mirar adonde se ponen los pies y de repente resbalarse sobre un río. O no encontrar un lugar bastante ancho para poderse acostar sin el riesgo de aplastar una floresta o de destruir un entero pueblo. El mundo, se dice, es grande, pero hay que tener las justas proporciones. Por el contrario, cada acción en la vida de todos los días puede resultar una operación bastante complicada.

El gigante que hace tiempo vivía en el cantón Cotacachi justamente de esos problemas tenía su tiempo ocupado. Entre otras cosas, uno en particular lo preocupaba, y era el no poder bañarse por falta de una laguna lo suficientemente profunda. El mar claro, podía ser una solución, pero lejos quedaba el océano de los Andes del norte donde él vivía, y no siempre el gigante tenía ganas de andar tanto para un baño. Además, el agua salada le dejaba la piel muy seca y con el sol y el viento aún más se podía arruinar. Por eso cada paso del gigante era también una búsqueda de una laguna que pudiera ser adecuada para sus necesidades.

Había intentado en la laguna de San Pablo, que a primera vista parecía acoger bastante agua, pero al entrar, solo hasta las rodillas le bañó el agua. Peor fue con la laguna de Mojanda, sirvió justo para lavarse los pies. Sin hablar de la de Yahuarcocha, que en temporadas secas solo para lavarse las manos antes de comer podía bastar.

Ya desesperado, el gigante no encontraba solución a ese problema, hasta que un día llego a Cuicocha. Había sido tan desilusionado en otras ocasiones, que no muchas expectativas se hizo a la vista del esplendido panorama, aunque tal belleza lo sorprendía. Bajó entonces las laderas del cráter hasta llegar al agua, para sentir si estaba muy fría. Casi miedo tenía de entrar al lago, como para no recibir otra delusión. Pero igualmente, con los ojos un poco cerrados, entró antes con las piernas y sintió que todavía no tocaba el fundo. Bañó sus caderas y la barriga, sorprendido de no tocar todavía tierra con los pies. Por ultimo hundió sus espaldas hasta los hombros y cual emoción probó por primera vez en averiguar que podía finalmente gozar de un verdadero baño. Miraba arriba el cielo y se sentía a su gusto en esa esplendida bañera donde hasta podía reposar la cabeza en los islotes del lago.

Del gigante ya no se supo nada, pero visitando la laguna, muchos afirman de oír todavía sus risas de satisfacción, junto al ruido del agua que se mueve.


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Ultima actual: 26.9.2006 | Copyright | URL: www.bibmondo.it/att/vulcano/doc/fav2-es.html | XHTML 1.0 / CSS / WAI AAA | WEBdesign, e-mail: M. di Vieste

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